Federico Iglesias Serafin.
Cuando la masacre Yuma-Quechan una dama huyó –río abajo- al pie del paredón sonorense del Colorado perseguida por chusma de indios, el jefe Olleyquotequiebe, Carlos Antonio Salvador Palma los detuvo dejándola escapar. Ella entre cachanillas, mezquites y tulares se ocultó entre los Cucapah deltaicos del río.
Esta mujer huyó de la hecatombe, ocurrido entre el martes 17 y jueves 19 de julio de 1781, destruyendo los dos pueblos- misiones franciscanas-, arrasados por el fuego: Nuestra Señora de la Purísima Concepción, situada en el lado californio del “cruzadero yumano” y a 14 kilómetros al norte de ésta, la misión de San Pedro y San Pablo de Bicuñer.
En la tragedia fallecieron 105 españoles entre hombres, mujeres y niños asesinados bajo delirio de un festín sanguinario enajenante; fueron rescatados 62, salvándose 76 sobrevivientes ocultos, desconocidos.
Venturosa mujer Juana Domínguez atinó esconderse en ranchería Cucapah; salvó la vida entrando a la historia, porque el jefe Quechan topando su escondite la colmó de atenciones, alimentos y resguardo; saliendo de la aldea Cucapah, establece hogar próximo al norte de sus protectores, viviendo bajo sus propias costumbres; con beneplácito de Salvador Palma, con quien procreó hijos, quedando en memoria registrada como familia Palma Domínguez.
Juana restableció parentesco con los Domínguez del Presidio de Altar y Villa del Pitic, su descendencia siempre afirmó parentesco humano con Salvador Palma, de legendario carácter guerrero, fugitivo perseguido del gobierno de Sonora, desde aquella masacre de 1781.
Luego, 67 años después, firmados los Tratados de Guadalupe Hidalgo; vino como resguardo militar norteamericano al sitio nueva frontera, el mayor Samuel P. Heintzelman, quien en enero de 1851 pasó la frontera a Sonora y registró el rancho Da. Juana, vino hasta las playas de Santa Clara para traer 10 mil raciones alimenticias para su tropa, descargadas por Horacio Derby.
Posteriormente el Ingeniero Jacobo Blanco, agrimensor de la Compañía Mexicana Agrícola y Colonizadora de los Terrenos del Colorado, aquí mismo registró el rancho de Da. Juana en 1873, sin documento legal, estando sus corrales sobre terrenos legales de Guillermo Andrade, identificado el lugar paso sobre el viejo camino a Sonora.
Siendo sonorense “Da. Juana” el rancho siempre visitado por parentelas del bajo Colorado, como casa familiar habitando entre sus tierras de cultivo; por ello el 29 de septiembre de 1882, posesionando tierras sonorenses fronterizas con Arizona, entran a la historia María de Jesús Palma y Cipriano Domínguez figurando en el censo norteamericano de 1880, más 19 familias denunciando -en el periódico “El Fronterizo”, Tucson- cobró “hasta por agua que bebían sus perros y caballos”, por concesionarios de Colonia Lerdo, posesionando casi medio millón de hectáreas delticas, jefaturados por Guillermo Andrade.
En el rancho de Da. Juana tiene residencia comprobada: María de Jesús y Cipriano, donde crecieron sus 9 hijos: Rosalía, Margarita, Gertrudis, Ramona, Dionicio, José María, Juan, Luis y Cipriano, agricultores- ganaderos, quienes al celebrar la fiesta de su santo, el rancho tomó el nombre de San Luis. Ref.LibroPuertoIsabel federicoiglesias50@gmail.com




