Por AL CRUZ
Continuamos soportando días aciagos y tormentosos, observando como la presidenta Claudia Sheinbaum es dominada por circunstancias cada vez más impredecibles y angustiantes, aunque ella se haga fuerte y lo niegue, tratando de mantener “la cabeza fría”, como ella misma manifiesta en sus acostumbradas “Mañaneras”, pero, sin embargo, cuando el cúmulo es tan amplio que cuando no es un aspecto es otro, en este caso la jefa del Poder Ejecutivo tiene que manifestar los embates de los problemas.
La mayoría de ellos son heredados de la triste administración anterior, o las consecuencias de todo lo malhecho, más la grave afectación que México ha recibido por decisiones del presidente de EE. UU. Donald J. Trump, pese a los elogios recibidos de este, el cual ha declarado que Claudia Sheinbaum es una presidenta inteligente y que mantienen una buena relación, afirmándolo públicamente, pero a pesar de eso nuestro país no ha recibido ningún beneficio en concreto.
Ni siquiera su estrategia de combate al narcotráfico – que tanto le ha costado al país – ha servido para frenar a Trump. El mensaje es claro, con él no basta ni los hechos ni la cortesía.
Ahora, Trump culpa a México del tráfico de fentanilo y de no hacer lo suficiente para frenar a los cárteles. En su reciente carta enviada reconoce que algo se ha logrado, pero “no es suficiente”.
En su última imposición ejecutiva, Trump, aplicó un arancel del 30 % a productos mexicanos y de la Unión Europea, lo cual no es un simple ajuste comercial, sino un golpe que puede causar una caída de hasta 1.4 % del PIB mexicano, una depreciación del peso y la pérdida de cientos de miles de empleos formales. Siendo esto una grave decisión que afectará a la economía exportadora: autos, acero, electrónicos, aguacates, frutas y verduras frescas.
Aunque algunos productos mexicanos quedarán exentos si cumplen con las reglas del T-MEC, muchos no, por contener componentes de otros países.
Existe una coyuntura, porque Trump sostiene que el arancel podría evitarse si se alcanza un acuerdo antes del 1 de agosto. Pero en los hechos la decisión está tomada. Dado este escenario, en el que las señales desde la Casa Blanca apuntan más a la imposición que al diálogo real, la presidenta Sheinbaum asegura que hay una vía de negociación abierta, aunque Trump ya decidió.
Por lo mismo, México debe responder con firmeza e inteligencia, combinando diálogo, presión selectiva y respaldo internacional. Si no lo hace, el costo no será sólo económico, sino histórico.
La presidenta Sheinbaum ha sido cautelosa al responder a las provocaciones de Trump. Es una decisión sensata ante un empedernido narcisista y agresivo, pero sumamente poderoso. Trump no entiende razones y tampoco le interesan.
Por otro lado, otro de los escabrosos problemas que enfrenta la presidenta de México, cambiando abruptamente de tema, como hay tantos, está el relativo a las declaraciones de los miembros de “Los Chapitos” y “Los Mayos”, detenidos en Estados Unidos, donde se han declarado culpables, pero apelando a las consideraciones de testigos protegidos.
Al caso, Ovidio Guzmán ya hizo declaraciones donde compromete hasta la coronilla a funcionarios de muy alto rango de Morena, empezando con el expresidente López Obrador, donde afirmó que estos recibieron grandes sumas de dólares del crimen organizado. Al respecto el abogado de Ovidio, Jeffre Lichman, declaró que Claudia Sheinbaum actúa como publirrelacionista de Ismael “El Mayo” Zambada.
Tal declaración es injusta, porque el gobierno de Claudia Sheinbaum no es una narcopresidencia. El problema es que la presidenta tiene el compromiso político de cubrirle la espalda a López Obrador. Y con eso se vuelve cómplice de un narcogobierno.
Muchos de los problemas que enfrenta su gobierno se disolverían si ella dijera la verdad. Con decir: “El Gobierno anterior no actuó contra los narcos, nosotros si lo estamos haciendo”.




