Por: Rolando Lopez Ramirez
Qué bonito: Trump y Putin se reúnen en Alaska, tierra de hielo, osos polares y… archivos convenientemente hackeados. El presidente ruso no pisa suelo estadounidense sin antes asegurarse de que su amigo Donald cumpla ciertas garantías de amistad:
“No mencionar lo del hackeo” → Igual que cuando le dices a tu compa borracho “nunca hablemos de anoche”, pero con más consecuencias geopolíticas.
“Ucrania es como tu ex: mejor fingir que no existe” → Trump, que antes la defendía a gritos, ahora mira al cielo y silba cuando sale el tema.
“Las sanciones son muy meanies” → Putin exige que le devuelvan su dinero congelado, como un niño que reclama su mesada.
“Epstein? ¿Quién es Epstein?” → Activar modo memoria de pez goldfish cada vez que un periodista pregunte.
“Nada de fotos con mirador nuclear” → No vaya a ser que Trump, en un arranque de transparencia, le enseñe a Putin dónde guarda los botones (y los trapos sucios).
En resumen: Esta cumbre es como cuando tu ex tiene fotos comprometedoras tuyas y “sólo quiere hablar”. Putin llega con una sonrisa y un maletín lleno de “por si acaso”, mientras Trump sonríe nervioso y repite “Confía en mí, soy muy duro con Rusia… pero en secreto, shhh”.




