San Luis Rio Colorado, Sonora.
En punto de las ocho de la mañana del miércoles 21 de febrero, Enrique Sánchez Martínez, Obispo de la Diócesis de Mexicali, realizó su primera visita a la ciudad de San Luis Río Colorado, específicamente a la comunidad de la Parroquia de San José Obrero, donde llegó para hacer un llamado a la conversión, anunciando que esta Cuaresma es un tiempo idóneo para ello.
En la celebración eucarística, dijo en su homilía que para la conversión es importante la fe, porque sin ella estamos propensos a caer en los errores de los seguidores de Jesús de aquellos tiempos que pedían siempre pruebas.
Y, ¿qué pensar del juicio final? Eso ya no asusta, ya ni se piensa en eso. Ahora pensamos que lo que importa es lo material. Pues no. Lo que importa es la fe. Ahora, en este mundo, en este momento, necesitamos la fe. Pensar de otra manera es ver cómo poco a poco se va conformando un mundo sin Dios, en un mundo ateo.
A veces condicionamos nuestra relación con Dios y pensamos o decimos: “Bueno, si voy a creer, pero concédeme un milagro porque yo necesito uno”, o bien “si no haces esto” o “¿cómo le voy a hacer en esta vida si no hay milagros?” y lo más triste, cuando se piensa, “mejor me voy con los hermanos cristianos, porque allá sí hay milagros que me aseguran la fe”. Pero la fe no es eso. Si no hay milagros, pues que no haya milagros. No importan los milagros. ¿Entonces, de qué se trata? Hagamos una reflexión de ¿qué creemos?, ¿en quién creemos?, ¿le creemos a Jesús?
La fe es seguir al Señor, hacer nuestro su plan de salvación, andar día a día con gozo en nuestra vida. Y sí, si hay que orar, hay que pedir, y si Él lo quiere, bien, hará un milagro o no, es más probable que nos deje vivir nuestro concepto. Eso es lo más probable, es lo más seguro. Necesitamos confiar en Dios, a través de su hijo Jesús, es nuestra única seguridad, nuestra única certeza de que a través de Él obtendremos la vida, a través de Él alcanzaremos la felicidad.
La fe es tener la certeza, la seguridad de creer en Dios, creer en Jesús, sin ninguna seguridad humana ni material. La fe es solo el asentimiento de nuestro corazón a la persona de Jesús a Dios.
Tenemos que amarnos y hacer ese ejercicio de reflexionar sobre nuestra fe y, lo más importante aún, cómo transmitimos nuestra fe a los más pequeños, cómo les enseñamos con nuestro testimonio qué es la fe, quién es Dios y quién es Jesús. Porque ellos aprenden todo de nosotros, lo bueno y lo malo.
Como discípulos, nuestra misión es anunciar la fe y transmitir la fe, pero sobre todo preguntarnos cómo estamos transmitiendo la fe, esa es otra pregunta muy importante.
Termino pidiéndole a Dios que nos ayude a vivir el camino de la Cuaresma celebrando la Eucaristía para unirnos a Dios a través de Jesús, que es la luz para nuestra vida, donde Jesús es el alimento para nuestra vida. Esa es la certeza que nos acompaña, por eso nuestra fe debe ser una fe alegre, una fe rica, gozosa, aun si me estoy muriendo”. Concluyó.




