Pedro Marquez
El general Álvaro Obregón solía narrar lo que sucedió después de que perdió el brazo derecho cuando combatía a los villistas en 1915. Todo era confusión en el momento en que los soldados comenzaron a buscar el brazo perdido. Lo buscaron por todo el campo de batalla. “Yo también los ayudaba, porque no es fácil abandonar una cosa tan necesaria como un brazo.
Pero no tuvieron suerte y no lo encontraron. Estaban a punto de darse por vencidos cuando uno de sus compañeros tuvo una idea de hacer una prueba final y decisiva. Según el General, su compañero ‘era uno de mis amigos íntimos y me conocía perfectamente’. Su amigo sacó del bolsillo una reluciente pieza de oro, un azteca. Levantó la moneda, que brilló atractivamente bajo los rayos del sol. ‘Y entonces todos presenciamos un milagro: el brazo vino saltando de no sé dónde hasta el lugar en que se alzaba el azteca, se extendió y lo atrapó cariñosamente, entre los dedos. Fue la única manera de que apareciera mi brazo perdido’.”
John W.F. Dulles, Ayer en México, 1961



